A veces es necesario cerrar un poquito los ojos, la mente y pensar en uno mismo; pero es necesario ponerse un tope, para así no volverse un narcisista ególatra egoísta y tan solo aprender a amarse.
Es cuestión de saber cuando parar, abrir los ojos y utilizar ese amor propio adquirido para poder estar bien con uno mismo y con quienes nos rodean, para no lastimarnos y mucho menos lastimar.
Se trata de tolerar cosas que no soportamos, que no nos gustan o que no compartimos, se trata de que parte del proceso de amar incluye resignación de ciertas cosas y asimilación de tantas otras. Se trata simplemente de madurar y no dejar que la ceguera nos venza, ni se apropie de nosotros.