Mientras él sentía que yo sólo estaba en otro de mis períodos de distanciamiento, verdaderamente sufría, y sufro.
Estoy convencida de que la solución es arrancarlo de mi cabeza, pero ¿Cómo hago?
Si todo me hace acordar a él, no puedo dejar de extrañarlo y en verdad sé que bien no está, pero es inevitable no sentirme así.
Hablar con él era parte de la rutina, así como el desayunar y lavarme los dientes.
Era tan normal ver la ventana titilar con su nombre; pero me dí cuenta de que a pesar de extrañarlo físicamente lo que más extraño es la maldita costumbre de hablar con él, día y noche.